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Ambientalistas nada hacen para detener la tala indiscriminada en tierras invadidas

Las peores deforestaciones se realizan en lugares ocupados por autodenominados campesinos sin tierra, afirmó directivo de ARP.

MARIANO ROQUE ALONSO, (ARP)-- No escapa al conocimiento generalizado el recurso delictivo utilizado por autodenominados campesinos sin tierra para invadir propiedades privadas y proceder a realizar saqueos, abigeato, destrucción masiva y amenazas por doquier, buscando desalentar las intervenciones para apropiarse por la fuerza del producto del esfuerzo ajeno.

Uno de los principales objetivos de las agrupaciones radicalizadas es la deforestación masiva con la tala de valiosas especies de madera protegidas por leyes ambientales, que los comercializan a aserraderos y con ello obtienen importantes beneficios espurios, que se suman a la logística proveída por políticos interesados.

Tampoco pasa desapercibido un hecho repetido que se observa en todas las propiedades invadidas que cuentan con reservas boscosas.

“Llama poderosamente la atención el hecho de que las organizaciones ambientalistas, tanto nacionales como extranjeras, no realizan ningún tipo de intervención en las reservas forestales depredadas por campesinos invasores”, denunció el Dr. Diego Torales, presidente de la Comisión de Defensa de la Propiedad Privada de la Asociación Rural del Paraguay (ARP).

Señaló que las organizaciones que dicen luchar por la preservación del medio ambiente y los recursos naturales hacen la vista gorda cuando los culpables de esos hechos son organizaciones campesinas.

“Las peores deforestaciones del Paraguay se registran en propiedades invadidas”, apuntó, tras señalar como ejemplo lo que ocurre en el establecimiento Campos Morombí (Curuguaty), donde se viene registrando de manera abierta e impune una depredación sin límites de valiosas especies de árboles nativos, y también el caso de Ganadera Pindó, donde ocurren los mismos hechos.

“Ambos establecimientos invadidos son víctimas de la acción depredadora de los invasores, quienes actúan a placer, sin ser mínimamente molestados por las organizaciones ecologistas”, expresó el Dr. Torales.

Añadió que, de esa manera, los invasores tienen las manos libres para hacer lo que quieren en un territorio liberado formado con la complicidad de sectores y actores políticos.

Las ONGs, por su lado, en vez de proteger lo poco que resta, denunciar la devastación y actuar en consecuencia, se llaman a un silencio cómplice porque se movilizan también en torno a los mismos aliados políticos, específicamente sectores de la izquierda, precisó el directivo rural.

Recordó que la Asociación Rural del Paraguay (ARP) apoya y alienta el esfuerzo que realizan los propietarios afectados para recuperar sus dominios usurpados.

Al mismo tiempo, aclara que en ningún caso responderá a la violencia con violencia, y que el respeto irrestricto y sin condiciones a la propiedad privada debe darse en el marco del Estado de Derecho establecido en la Constitución Nacional.