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Descomunal aumento de impuestos rurales

En Argentina, un campo de 250 hectáreas podría llegar a pagar US$ 35.000 al año.

 

BUENOS AIRES (La Nación) -- El informe elaborado por el Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural revela la existencia de un exponencial aumento de la presión tributaria sobre las propiedades rurales de las principales provincias agropecuarias. Se trata del impuesto inmobiliario rural que cobran las provincias que, con motivo de la revaluación de las tierras, impacta también en el impuesto sobre Bienes Personales, que tiene como destino las arcas federales. Cuatro ejemplos de cada uno de los referidos impuestos en los cuatro distritos de mayor producción, que cubren los períodos impositivos desde 2011 hasta el fin del año actual, muestran la magnitud de la presión existente. En todos los casos se trata de establecimientos de 250 hectáreas.

Así, en Pergamino, provincia de Buenos Aires, el inmobiliario rural creció 203 por ciento, mientras que Bienes Personales, 977%. En Diamante, Entre Ríos, aumentó 252 % y Bienes Personales, 309 %. En Venado Tuerto, Santa Fe, el mismo impuesto creció 363 % y Bienes Personales, 314%. En Leones, Córdoba, el inmobiliario creció 231%, mientras que Bienes Personales mantuvo su anterior valor, seguramente porque esa provincia, o más precisamente ese municipio, ha concretado el incremento por otros medios, sin recurrir a la referida revaluación.
Lo hasta aquí expuesto revela el aumento impositivo operado que adquiere su complemento con algunas cifras de los montos impositivos que se abonan. Como ejemplo, el mismo campo de 250 hectáreas de Pergamino, que abonaba 48.000 pesos en 2011, terminará desembolsando este año 145.750 pesos en total. ¿Qué se puede concluir de esto? Que será muy difícil reunir los recursos necesarios para satisfacer estos insaciables apetitos tributarios, a los que se suman los impuestos a las exportaciones de hasta el 35 por ciento de su valor, el impuesto a las ganancias -si las hubiere-, otros al trabajo, el costo económico-financiero de los saldos de IVA, y las múltiples exigencias y trabas más sus respectivos costos que impone el gobierno federal. A lo cual se agregan las gabelas provinciales, que se suman al citado inmobiliario, como el Impuesto sobre los Ingresos Brutos, sin olvidar las tasas municipales de abasto y de conservación de caminos y algunas otras que se van agregando, agravando aún más la asfixia impositiva.
Así es como se erosionan nuestra productividad y la consiguiente competitividad de nuestros productos. El título que nos distinguió durante más de medio siglo como "granero del mundo" lo goza hoy Brasil, que titula así sus presentaciones. Es que mientras nuestra producción granaria no puede superar el nivel de los 100 millones de toneladas, Brasil está alcanzando los 200 millones. Ése y no otro es el resultado de la extenuante presión impositiva, de la autarquía a que se somete nuestra economía respecto del mundo, de nuestra desatada inflación, del cepo cambiario y de una catarata de agravios y cortapisas, que llevan ya un largo camino. Emerger de tanto despropósito es indispensable para retornar al crecimiento y al desarrollo.