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Gobierno nacional, único responsable de la destrucción del Parque Nacional Ñacunday

altLa Asociación Rural del Paraguay expresa su condena más enérgica ante la vergonzosa entrega del Parque Nacional Ñacunday perpetrada por el Poder Ejecutivo nacional. La instalación en este parque de los autodenominados “carperos”, los mismos que acechaban propiedades privadas en las inmediaciones de dicha reserva natural, constituye uno de los más incalificables atentados contra el patrimonio nacional que pueda haber llevado adelante gobierno alguno del Paraguay hasta el presente.

El Parque Nacional Ñacunday, creado por decreto Nº 17.071 del 20 de agosto de 1975, con una extensión de 1.000 hectáreas incluyendo el salto Ñacunday, y posteriormente ampliado por el decreto Nº 16.146 del 18 de enero de 1993 a su extensión actual de 2.000 hectáreas, comprende una reserva natural cuya intangibilidad está consagrada desde su creación. Se trata de un patrimonio que es propiedad de todos los paraguayos, siendo además hogar natural de una comunidad mbya guaraní, originaria del lugar, que usufructúa el sitio con fines ceremoniales religiosos.
Este verdadero tesoro nacional ha sido vilmente dilapidado al entregarlo el Gobierno a una gavilla de especuladores de tierras que insiste en presentarse como “luchadores sociales” o supuestos reivindicadores de la reforma agraria. No hace falta ser adivino para predecir lo que ocurrirá con esta reserva natural en manos de estos invasores con licencia del Gobierno: su depredación y destrucción total.
La ARP levanta su voz de protesta y exige, en los términos más enérgicos, que los organismos gubernamentales competentes, llámense Fiscalía General del Estado a través de sus órganos ambientales, Secretaría del Ambiente y comisiones competentes del Congreso Nacional, intervengan ante este inaudito atentado contra el patrimonio nacional perpetrado por quienes han sido electos, precisamente, para preservar su intangibilidad.
La ARP hace un llamado a la cordura al Gobierno nacional para que revierta esta medida por completo descabellada, que no hace sino desnudar el desatino e improvisación en los que está incurriendo en la búsqueda de soluciones a conflictos creados por personeros del caos y de la destrucción del orden jurídico nacional.
Si el Poder Ejecutivo tiene verdadera vocación por encontrar una salida a la demanda legítima y comprobada de tierras para reforma agraria, le sugerimos que analice, con
calma y método, la situación en la que se encuentran actualmente las 2.300.000 hectáreas de asentamientos coloniales campesinos que maneja el Indert en la región Oriental, de las cuales apenas un 25% son explotadas racionalmente. Si el Indert y el Gobierno quieren poner en marcha un verdadero proceso de reforma agraria, deberán preguntarse si no llegó la hora de readjudicar las 1.600.000 hectáreas que hoy carecen de laboreo alguno ya sea por abandono del Estado, falta de vocación agricultora de sus adjudicados originales o entrega de las mismas en la tan común como miserable venta de derecheras protagonizada por beneficiarios inescrupulosos de la reforma agraria.
A este Gobierno ya no le queda tiempo para improvisar o para insistir en el nefasto populismo empleado ahora en el grotesco espectáculo público de Ñacunday. En su último año de gestión, haría un aporte invaluable a la solución de la crisis campesina si emprendiera de verdad la tarea de titular en forma definitiva los lotes hasta ahora adjudicados en reforma agraria, trámite que apenas cubre hoy un 20 por ciento de los beneficiarios. Existe un 80% de tenedores de tierras que no figuran en los registros públicos y que por lo tanto no son sujetos de créditos ni de ningún trámite legal que se base en su calidad de propietarios legítimos, definitivos y arraigados de la tierra que pisan.
Llegó la hora de la verdad. Señor Presidente Lugo: Saque de allí a los usurpadores que en su desatinada gestión ha metido contra la ley en el Parque Nacional Ñacunday. Devuélvalos a sus lugares de origen, que en su mayoría son residentes de otros municipios, que carecen por completo de vocación de agricultores y que han llegado al Alto Paraná con el solo fin de especular con una entrega de tierras de altísimo valor inmobiliario. Todo el país ya sabe la verdadera naturaleza de este operativo de hampones. No se haga cómplice de esta maniobra y lidere de verdad la reforma agraria que espera todo el país.
De lo contrario, deberá UD. enfrentar las consecuencias de este flagrante mal desempeño de sus funciones como Presidente de la República del Paraguay.