COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA.

18/01 (ARP) La Asociación Rural del Paraguay recibe con júbilo la noticia de la liberación del consocio y amigo Fidel Zavala, quien ya se encuentra de retorno en el seno de su hogar luego de más de tres meses de injusto padecimiento en manos de la banda de criminales que lo tenía secuestrado.

La reaparición sano y salvo de un hombre honesto y trabajador, arrancado sin miramientos de sus tareas de campo, pone fin al largo calvario sufrido por sus familiares y su núcleo más cercano de amigos, quienes debieron soportar estoicamente todos los atropellos imaginables a la dignidad por parte de los delincuentes que lo mantenían en inhumano cautiverio. Como gremio, hemos llevado a la familia nuestra más profunda alegría al conocer su liberación, tal y como estuvimos a su lado desde el primer día de este desgraciado episodio, hoy felizmente concluido.

El caso Zavala refleja un hecho indiscutible: que la ciudadanía paraguaya, sin distinción alguna de clases, se unió tras el objetivo común de lograr la libertad de Fidel y la restitución de la paz y la seguridad de la República. Son ya parte de la historia contemporánea del Paraguay la peregrinación por la seguridad a Caacupé, el despliegue masivo de banderas y lazos blancos a escala nacional y las diversas concentraciones que con idéntico propósito se realizaron en todo el país.

Fidel Zavala no sólo unió al pueblo paraguayo sino que además rescató y puso de resalto su sentido de dignidad. Ejemplos claros y refulgentes de este ejercicio de valores fue la actitud de la comunidad mbyá guaraní de Concepción y del comedor popular de la señora Sara Servián, que se negaron a recibir la carne enviada por los secuestradores anteponiendo a sus necesidades más acuciantes su alto sentido ético y moral, ejemplo para toda la república.

El desenlace del caso Fidel Zavala abre ahora un interrogante severo con respecto al papel que le cabe al Estado paraguayo como custodio de la soberanía y la paz interna de la República. Tal como ocurriera en los casos de Maria Edith Bordón de Debernardi, Luis Alberto Linstron y otros secuestros de igual envergadura, los ciudadanos experimentamos un gran vacío al comprobar que los delincuentes dieron sus golpes y, con suerte diversa para sus víctimas, desaparecieron con el botin sin dejar rastros.

El reclamo unánime de estos días es que el Gobierno revierta esa situación de impunidad heredada de administraciones anteriores a fin de que el Paraguay deje de ser territorio propicio para criminales y terroristas y que el país recupere para sus habitantes el carácter de república pacífica gobernada por sus instituciones constitucionales.

Es comprensible que durante la etapa de negociaciones, el Gobierno haya empleado la prudencia como estrategia en sus operaciones de campo. Pero ahora es su ineludible responsabilidad ubicar, capturar y poner a disposición de la justicia a la banda criminal que secuestró a Fidel Zavala y mantuvo al país en vilo durante 94 días.

El país entero, de pie y en resistencia pacífica ante la delincuencia organizada y cada vez más audaz, exige el final de los discursos y los buenos propósitos y pasar a la acción y a los resultados prácticos.

Enero 19, 2010   Bajo: Documentos y Publicaciones

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